El Perro de Jack London

Piedrahita, 1996

El perro de Jaime siempre está en coma profundo cuando hay gente a su alrededor. Parece como si sólo la soledad o la placidez del reposo nocturno de su dueño le dieran marchita para el cuerpo. Es posible verle dormir en el asfalto de la carretera, caliente por el sol, mientras le gritas una y otra vez: “¡Asgar, quita de ahí, que vienen coches!”.

Liegender Hund im Schnee (Franz Marc)Jaime cuenta que el perro tiene el sueño cambiado, que es como los niños. Tú le dices que el perro, al ser cachorro, todo lo ha aprendido de él y mimetiza por ello. Es como esos perros de caza que aparecían en los retratos de la monarquía de antaño, los que te hacían cuestionar si el parecido físico con su dueño era un capricho del pintor. El perro es como Jaime: tranquilo y comatoso, imperturbable, independiente y, cuando le apetece, revoltoso y juguetón.

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